Mi vida cambió profundamente con el secuestro y la desaparición de mi amado hijo, Diego Maximiliano. Han pasado más de diez años desde entonces y sigo buscándolo, en medio de una crisis humanitaria que atraviesa a todo nuestro país, donde más de 135 mil personas permanecen desaparecidas y miles de cuerpos esperan ser identificados en servicios...
EFEMÉRIDES
Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas
30.08.2026
Hay ausencias que no terminan de ser ausencia, porque siguen habitando la mesa, la casa, las fotografías, los recuerdos, los sueños y las preguntas de quienes esperan.
La desaparición forzada no arrebata solamente a una persona: rompe el tiempo de quienes la aman. Deja familias suspendidas entre la esperanza y el miedo, entre la búsqueda y el cansancio, entre el deseo de encontrar y la imposibilidad de cerrar una historia. Cada nombre que falta abre una herida que atraviesa cuerpos, comunidades y territorios enteros.
Desde una teología feminista, este día nos obliga a preguntarnos dónde reconocemos a Dios frente al dolor de quienes buscan.
Creemos en un Dios que escucha el clamor. Un Dios que no permanece ajeno ante la injusticia ni guarda silencio frente al sufrimiento de quienes han sido despojadas y despojados de sus seres queridos. El mismo clamor que atraviesa las Escrituras cuando un pueblo pregunta por sus muertos, por sus ausentes y por su dignidad, continúa resonando hoy en las voces de quienes preguntan: ¿Dónde están?
Y quizá ese clamor sea también una forma de oración. No una oración resignada, sino una oración que exige verdad, justicia y presencia. Una oración pronunciada con los pies recorriendo caminos, con las manos removiendo la tierra, con fotografías sostenidas contra el pecho y con nombres repetidos una y otra vez para impedir que sean borrados.
En esas búsquedas, las mujeres han ocupado un lugar central. Madres, hermanas, hijas, esposas, compañeras y buscadoras han transformado el dolor en organización, la incertidumbre en memoria y la ausencia en una lucha persistente por la verdad. Muchas han tenido que aprender a investigar, rastrear territorios, acompañar a otras familias, confrontar instituciones y sostener redes de cuidado mientras cargan con su propia herida.
Desde una teología feminista, sus experiencias pueden ser reconocidas también como lugar teológico: espacios concretos desde los cuales es posible preguntarnos por Dios, por la justicia y por la esperanza. Porque la teología no nace únicamente de los libros, de las aulas o de los templos. También nace de los cuerpos que resisten, de las historias que se niegan a desaparecer y de las comunidades que acompañan cuando el dolor parece insoportable.
Las mujeres buscadoras nos recuerdan que la fe puede tener manos que escarban, pies que recorren caminos, ojos que permanecen atentos y una voz que se niega a callar.
En ellas encontramos una espiritualidad encarnada: una esperanza que no consiste en esperar pasivamente, sino en levantarse, organizarse, preguntar, denunciar y buscar. Quizá allí podamos reconocer también el soplo de la Ruah, la presencia divina que acompaña, sostiene y hace posible seguir respirando incluso en medio del dolor.
Una teología feminista no puede mirar estas realidades desde lejos. Está llamada a escuchar el clamor de quienes buscan, a cuestionar las estructuras que producen violencia e impunidad y a reconocer la dignidad irrenunciable de cada persona desaparecida.
También está llamada a incomodar. A preguntar qué sociedades hemos construido cuando las familias tienen que convertirse en investigadoras; cuando las madres tienen que aprender a buscar fosas; cuando la ausencia comienza a volverse cotidiana y cuando tantas vidas desaparecidas corren el riesgo de convertirse solamente en cifras.
Frente a ello, nuestra fe no puede ser indiferente.
Que nuestras comunidades sepan convertirse en espacios de memoria, acompañamiento y denuncia. Que nuestra teología tenga oídos para escuchar el clamor. Que nuestra espiritualidad tenga cuerpo para caminar junto a quienes buscan. Que nuestra esperanza no sea evasión, sino compromiso con la verdad y la justicia. Hoy nombramos a quienes faltan y abrazamos simbólicamente a quienes continúan buscándoles. Y mientras exista una sola persona desaparecida, que la pregunta siga atravesando nuestras conciencias, nuestras comunidades y nuestra fe:
¿Dónde están?
Porque nombrarles desafía al olvido.Porque buscarles es
defender su dignidad.
Porque acompañar a quienes buscan también es una forma de hacer teología.
Y porque ningún Dios de la vida puede ser invocado para justificar el silencio
ante la desaparición y la violencia.
Hasta encontrarles.
María Isabel Huerta Armenta

Día internacional por los Derechos Humanos
El Adviento constituye, en la tradición cristiana, un tiempo de espera orientado a la irrupción de lo nuevo. No obstante, dicha espera no puede comprenderse como pasividad devocional ni como suspensión acrítica de la conciencia histórica. La exhortación evangélica a "velar" y "mantenerse despiertos" remite, más bien, a una disposición ética y...
Hoy, 25 de noviembre, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, iniciamos un periodo de 16 días de activismo desde la Cátedra de teología feminista “Carmen Montull Vallés”. Esta campaña, que culmina el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, nos convoca a un profundo tránsito espiritual y...
“Tejieron la palabra con hilos de fe y justicia, hoy su voz sigue bordando nuestra historia.”
El Día de lxs Fieles Difuntxs nos invita a hacer memoria, a mirar hacia atrás sin nostalgia y hacia adelante con esperanza. No se trata de un ejercicio de tristeza, sino de comunión. En este día, recordamos a quienes ya no están en cuerpo, pero cuya presencia se hace viva en nuestras palabras, en nuestras búsquedas y en los...
Cada 22 de julio, la memoria de María Magdalena se convierte en fuego que insiste en arder contra el olvido. No solo porque la historia eclesial la ha querido reducir a una pecadora arrepentida, sino porque su vida y su testimonio son una presencia que subvierten el orden patriarcal tanto de la Iglesia como de la sociedad. Nombrarla hoy es...
Día internacional del Orgullo LGBTQI+
En este domingo, la liturgia cristiana nos invita a contemplar el misterio de la Trinidad, Dios en tres personas, distintas y coeternas, que viven en una comunión inquebrantable de amor. Para muchas personas, esta doctrina ha sido percibida como abstracta, lejana, difícil de comprender o incluso ajena a la vida cotidiana. Sin embargo, desde las...
Pentecostés no es solo una festividad litúrgica, sino memoria viva y experiencia profética que desestabiliza lo establecido y da voz a quienes han sido silenciadas. En el relato del libro de los Hechos (Hechos 2,1-11), el Espíritu Santo desciende en forma de lenguas de fuego y permite que personas de diversas procedencias hablen en sus propias...
El 17 de mayo no es una fecha neutra. Es un grito en el calendario: un grito que interrumpe la normalidad violenta de la exclusión y que nombra lo innombrable en tantos espacios eclesiales la homofobia, la lesbofobia, la bifobia, la transfobia no como desviaciones individuales, sino como estructuras de opresión que han sido bendecidas, legitimadas...







