En este capítulo, Richard Rohr nos amplía la visión de la resurrección: no se trata de un milagro puntual en la vida de Jesús que demanda aprobación y fe, sino de un patrón creacional que siempre ha sido verdad, y que nos invita a mucho más que creer en un milagro: Si todos y todas somos uno en el sufrimiento,...
EFEMÉRIDES
Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas
30.08.2026
Hay ausencias que no terminan de ser ausencia, porque siguen habitando la mesa, la casa, las fotografías, los recuerdos, los sueños y las preguntas de quienes esperan.
La desaparición forzada no arrebata solamente a una persona: rompe el tiempo de quienes la aman. Deja familias suspendidas entre la esperanza y el miedo, entre la búsqueda y el cansancio, entre el deseo de encontrar y la imposibilidad de cerrar una historia. Cada nombre que falta abre una herida que atraviesa cuerpos, comunidades y territorios enteros.
Desde una teología feminista, este día nos obliga a preguntarnos dónde reconocemos a Dios frente al dolor de quienes buscan.
Creemos en un Dios que escucha el clamor. Un Dios que no permanece ajeno ante la injusticia ni guarda silencio frente al sufrimiento de quienes han sido despojadas y despojados de sus seres queridos. El mismo clamor que atraviesa las Escrituras cuando un pueblo pregunta por sus muertos, por sus ausentes y por su dignidad, continúa resonando hoy en las voces de quienes preguntan: ¿Dónde están?
Y quizá ese clamor sea también una forma de oración. No una oración resignada, sino una oración que exige verdad, justicia y presencia. Una oración pronunciada con los pies recorriendo caminos, con las manos removiendo la tierra, con fotografías sostenidas contra el pecho y con nombres repetidos una y otra vez para impedir que sean borrados.
En esas búsquedas, las mujeres han ocupado un lugar central. Madres, hermanas, hijas, esposas, compañeras y buscadoras han transformado el dolor en organización, la incertidumbre en memoria y la ausencia en una lucha persistente por la verdad. Muchas han tenido que aprender a investigar, rastrear territorios, acompañar a otras familias, confrontar instituciones y sostener redes de cuidado mientras cargan con su propia herida.
Desde una teología feminista, sus experiencias pueden ser reconocidas también como lugar teológico: espacios concretos desde los cuales es posible preguntarnos por Dios, por la justicia y por la esperanza. Porque la teología no nace únicamente de los libros, de las aulas o de los templos. También nace de los cuerpos que resisten, de las historias que se niegan a desaparecer y de las comunidades que acompañan cuando el dolor parece insoportable.
Las mujeres buscadoras nos recuerdan que la fe puede tener manos que escarban, pies que recorren caminos, ojos que permanecen atentos y una voz que se niega a callar.
En ellas encontramos una espiritualidad encarnada: una esperanza que no consiste en esperar pasivamente, sino en levantarse, organizarse, preguntar, denunciar y buscar. Quizá allí podamos reconocer también el soplo de la Ruah, la presencia divina que acompaña, sostiene y hace posible seguir respirando incluso en medio del dolor.
Una teología feminista no puede mirar estas realidades desde lejos. Está llamada a escuchar el clamor de quienes buscan, a cuestionar las estructuras que producen violencia e impunidad y a reconocer la dignidad irrenunciable de cada persona desaparecida.
También está llamada a incomodar. A preguntar qué sociedades hemos construido cuando las familias tienen que convertirse en investigadoras; cuando las madres tienen que aprender a buscar fosas; cuando la ausencia comienza a volverse cotidiana y cuando tantas vidas desaparecidas corren el riesgo de convertirse solamente en cifras.
Frente a ello, nuestra fe no puede ser indiferente.
Que nuestras comunidades sepan convertirse en espacios de memoria, acompañamiento y denuncia. Que nuestra teología tenga oídos para escuchar el clamor. Que nuestra espiritualidad tenga cuerpo para caminar junto a quienes buscan. Que nuestra esperanza no sea evasión, sino compromiso con la verdad y la justicia. Hoy nombramos a quienes faltan y abrazamos simbólicamente a quienes continúan buscándoles. Y mientras exista una sola persona desaparecida, que la pregunta siga atravesando nuestras conciencias, nuestras comunidades y nuestra fe:
¿Dónde están?
Porque nombrarles desafía al olvido.Porque buscarles es
defender su dignidad.
Porque acompañar a quienes buscan también es una forma de hacer teología.
Y porque ningún Dios de la vida puede ser invocado para justificar el silencio
ante la desaparición y la violencia.
Hasta encontrarles.
María Isabel Huerta Armenta

Jesús le dijo: ‘No me retengas… Ve y anuncia a mis hermanos…’” (Jn 20, 17)
El relato del Evangelio de Juan (Jn 20, 11-18) nos sitúa en un jardín, en medio del llanto de María Magdalena. La Pascua comienza ahí, no en la certeza, sino en la búsqueda; no en la claridad, sino en el dolor de quien ha perdido....
El Sábado Santo es el día del sepulcro. Un tiempo suspendido, donde la muerte ha acontecido y la vida aún no se manifiesta plenamente. En la tradición cristiana, este día ha sido comprendido como el descenso al silencio, al vacío, a la aparente ausencia de Dios. Sin embargo, desde una lectura teológica feminista, este silencio no es vacío estéril,...
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre… y María, la Magdalena” (Jn 19, 25). “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27). “Está cumplido” (Jn 19, 30). El relato de la pasión según san Juan (Jn 18, 1–19, 42) nos conduce al momento más radical del camino de Jesús: la cruz....
"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1).
"Se levanta de la cena, se quita el manto… y se pone a lavarles los pies" (Jn 13, 4-5).
"Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis" (Jn 13, 15).
“¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?” (Mt 26, 15). “En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar” (Mt 26, 21). “¿Soy yo acaso, Señor?” (Mt 26, 22). El evangelio del Miércoles Santo (Mt 26, 14-25) nos coloca ante una de las escenas más inquietantes del camino hacia la Pascua: la traición negociada....
"Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche" (Jn 13, 30).
"No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces" (Jn 13, 38).
El texto de la Unción en Betania en el Evangelio de Juan 12, 1–11 nos sitúa en una casa, alrededor de una mesa compartida. Allí “María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume”...
El relato de la entrada de Jesús en Jerusalén, conmemorado en el Domingo de Ramos (cf. Mt 21,1-11; Mc 11,1-11; Lc 19,28-40; Jn 12,12-19), ha sido tradicionalmente interpretado como un gesto mesiánico cargado de simbolismo político y religioso. Sin embargo, una lectura desde las teologías feministas permite complejizar este acontecimiento al...
Desde la ternura y compasión de tu corazón, creaste la humanidad y la creación en la diferencia de géneros que se complementan y enriquecen, generan armonía, impulsan creatividad y realización.








