Juan 1, 14 Dios Padre-Madre llena de bondad
Desde la ternura y compasión de tu corazón, creaste la humanidad y la creación en la diferencia de géneros que se complementan y enriquecen, generan armonía, impulsan creatividad y realización.
En tu proyecto de hermandad, renovado y anunciado por Jesús a través de su vida y de su palabra, las mujeres reconocemos nuestro rol que genera vida, defiende la verdadera vida, escucha el clamor de la vida oprimida o amenazada y asume la misión profética de anunciar, luchar y denunciar las actitudes y acciones que injustamente impiden, matan, desaparecen, violan y destruyen así, el proyecto de hermandad.
Jesús nos enseñó que tu Reino se realiza cuando hay vida en abundancia para todos los seres humanos, para toda la creación; los caminos a la abundancia, a la plenitud, son la justicia, la paz, el respeto profundo a la diferencia, la equidad, el encuentro en la escucha profunda y empática que genera relaciones y conversión.
Tu Espíritu-Ruah divina, ha impulsado nuestro caminar en sinodalidad como pueblo de Dios comprometido en buscar y trabajar por la comunión a imagen tuya trinitaria, falta mucho por avanzar, pero sentimos con alegría y esperanza, que las puertas se abren, las tiendas se ensanchan, la voluntad pone medios concretos.
Como mujeres reconocemos la urgencia de impulsar la transformación de estructuras internas y externas en nuestras comunidades de fe, para vivir nuestra misión juntos en justicia y equidad. Te pedimos que suscites la conversión de quienes olvidan que todos los bautizados y bautizadas somos pueblo de Dios y que la participación de cada una y cada uno desde sus propios valores, capacidades y potencial es indispensable para tu Reino.
